Noescuchando
[la venganza es un plato que se sirve mejor frío]
No la estaba escuchando. Sinceramente, no estaba prestando atención.
Ella hablaba. Hablaba y hablaba sin parar. Y yo estaba allí, en silencio y mirándola, asintiendo de vez en cuando con la cabeza, pero sin prestar la más mínima atención. Estábamos cenando en un restaurante italiano. Nos habíamos sentado al fondo del lugar, subiendo tres escalones, junto a la pared, en una especia de sofá en plan hamburguesería. Me considero un tipo que sabe escuchar. No por nada, si no por que es sencillo. No hay que hacer nada, simplemente escuchar. Pero esta tía era demasiado, no se callaba ni un segundo; y yo allí aguantando un charla interminable de mierdas que no venían a cuento, de historias sin sentido, sin carácter, sin fondo; simple habladuría. Hablar por hablar. Lo intenté, de veras que lo intenté, pero era imposible.
El cuero del supuesto "sofá moderno italiano" me estaba calentando el culo de manera exagerada. Había cometido el error de ponerme el pijama debajo de los pantalones; y hasta ese momento me habían sido de una gran utilidad frente al frío, pero ahora mi culo estaba más caliente que la pizza. Y mientras, ella, hablaba. Estaba furioso conmigo mismo por haber intentado algo con ella semanas antes. No llegaba a comprenderlo, pero la tía me ponía. No iba más allá de eso, simple y pura atracción física, pero a la vez no la soportaba. Nunca antes me había pasado nada parecido. Y ahora, por gilipollas, por darle juego y no darme cuenta antes, estaba aguantándola, con la cabeza cargada, las orejas llenas y el culo asado.
Paraba de hablar, bebía del refresco, miraba sus manos, fumaba y continuaba con su sarta de estupideces. Entre frase y frase hacía un extraño ruido con la boca, el que se hace al juntar la lengua con el paladar, y entonces seguía hablando. No podía aguantarlo, era superior a mí. Gesticulaba mucho. Movía sus manos arriba y abajo. Movía los dedos, me miraba, esperaba una señal por mi parte y volvía a hacer ese ruidillo y continuaba hablando.
Al final aguanté. Sobreviví. Fue como un duro día en el campo de batalla. Acabé cansado, saturado. Me había enterado de la mitad, pero había sido suficiente. Solo necesitaba algo de silencio. No escuchar nada, escucharme a mí mismo, pensar en lo que había pasado y después olvidar todas y cada una de sus palabras.

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